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Psiconeuroinmunoendocrinología 
Por el Dr. Jaime Moguilevsky


 
El Dr. Jaime Moguilevsky es director del master de psiconeuroinmunoendocrinología de la Universidad Favaloro. 


Comenzó su disertación en S.O.S mencionando la labor de nuestro premio Nobel el Dr. Houssay, con quien compartió sus investigaciones desde el comienzo de su graduación como médico.

Una de las preguntas que se hacían era: “ sabiendo que la sangre nutre nuestro sistema nervioso “, que elementos de este sistema irían al torrente sanguíneo. Un grupo de médicos argentinos descubrió algo que se constituyó en un verdadero hito para la medicina, y es que lo que el sistema nervios genera son hormonas que son las encargadas de regular el sistema endocrino.

Con el advenimiento del SIDA comienzan los grandes descubrimientos en el campo de la inmunología, que aportan su cuota de esclarecimiento en el campo de la neuroendocrinología, estas tres disciplinas completan el conocimiento más profundo del organismo humano cuando se suma la intervención de los fenómenos psíquicos. Los médicos de distintas especialidades no pueden seguir trabajando aisladamente desde que se sabe que son tres los sistemas fundamentales que regulan el organismo, y cuando falla uno se resienten los otros.

Los tres sistemas fundamentales que regulan el organismo son :

El Neuropsíquico, el Inmunológico y el Neuroendocrino.

Un ejemplo del desajuste que produce en nosotros el desequilibrio en estos sistemas es el SIDA, que comienza comprometiendo el aparato inmunológico y desde allí rompe todas las relaciones.
 
El Dr. Moguilevsky se detiene en este sistema “básico“, que es el neuropsíquico, para hablarnos de las neuronas y de los neurotransmisores que configuran una complejísima red y que son capaces de inhibir o estimular nuestros funcionamientos fisiológicos.


Los fármacos y la palabra en la cura psicoanalítica actúan modificando los neurotransmisores cuando se requiere restablecer el equilibrio perdido.

El elemento indispensable para que nuestras neuronas funciones es la glucosa en sangre.
 
El Dr. Moguilevsky nos aclara que no hay tejido que no segregue su hormona naturalmente equilibrada, (inclusive el corazón). Por lo tanto la enfermedad sobreviene cuando se altera esta segregación.
 
La hormona del crecimiento desarrolla el metabolismo del cerebro. Hay niños que sufren retardo o inhibición en su crecimiento por falta de esta hormona. (por ej.: cuando padece estrés por maltrato ).
Muchos médicos llegaron a pensar que la aplicación de la hormona de crecimiento a ancianos podría funcionar como hormona de la juventud y que les mejoraría la calidad de vida. Los resultados fueron adversos ya que se dispararon en el organismo procesos tumorales que se mantenían en lento proceso de desarrollo. El Dr. Moguilevsky señala que el aporte externo de hormonas que el organismo ya no provee puede tener también consecuencias no deseables.


El cortisol es la hormona antiestrés. Cuando la exigencia se extiende a largos períodos entramos en lo que se conoce como síndrome general de adaptación, que puede derivar en un estés crónico y llevar a la depresión. La cortisona inoculada en grandes dosis e inhibe el sistema inmunitario. Además, puede que se atrofie la capacidad propia de producirla, por eso es imprescindible ir reduciendo lentamente el suministro de cortisona para que el organismo de a poco vuelva a suplirlo naturalmente.

Cada persona responde al estrés de distinta manera, y ésta depende de la edad, del sexo, de la carga genética y del estado neuropsíquico.

En el momento del estrés el organismo segrega endorfinas que inhiben el dolor porque causa una desensibilización de los receptores, pero simultáneamente se produce una bajada del sistema inmunitario.
Un desequilibrio neuropsíquico provocado por el estrés de un accidente puede generar después de un tiempo una enfermedad orgánica, a esto se lo denomina estrés postraumático  y la enfermedad se producirá en el lugar más débil de nuestro organismo.


El sistema inmunológico nos defiende del mundo externo y de nosotros mismos actuando sobre la producción de nuestras propias células tumorales. Hay dos tipos de inmunidades 1) La inmunidad por anticuerpos ( el organismo necesita saber quien lo ataca para poder defenderse, así funcionan las vacunas cuando se le inyecta    el virus atenuado de una enfermedad )  y 2) Inmunidad natural (que es la que provee la segregación de las distintas hormonas ).

Es interesante señalar que la presencia de un asesino como estímulo externo o un ataque de pánico como estímulo interno ambos provocan el mismo efecto.

Genéticamente tenemos carga para desarrollar enfermedades, pero si nuestro sistema nervioso central funciona correctamente no se desarrollarán.

Un niño que crece en un medio hostil desarrollará su sistema nervioso de un modo distinto al de un niño protegido y amado. El cerebro del niño maltratado se irá “armando” de manera defensiva, es decir con más adrenalina y cuando sea grande conservará esa estructura de cerebro. Será un adulto que reaccionará según dictados orgánicos. Este concepto es muy importante para entender que las conductas violentas en el adulto son en gran medida la única respuesta posible que puede dar la configuración natural de su cerebro que se “armó” durante su infancia de un modo defensivo. Estas personas pueden rehabilitarse con ayuda de psicofármacos y con psicoterapia.

La magistral exposición del Dr. Moguilevsky nos ha abierto un mundo fascinante cuyo conocimiento bien valdrá profundizar ya que se trata nada más ni nada menos que del funcionamiento de nuestro organismo.

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